Varios

Disfluencia (o tartamudez)

Para escribir esta entrada, me basé en materialdes de la Asociación Argentina de Tartamudez (AAT). http://www.aat.org.ar/

Definición de disfluencia o tartamudez

La fluidez es una función propia del lenguaje que tiene su máximo desarrollo entre los 2 y 5 años. La tartamudez es una alteración de la fluidez normal del lenguaje. El niño involuntariamente hace “saltitos” al hablar y repite sílabas, partes de palabra, palabras, frases. Cuando un niño realiza estos “saltitos” decimos que presenta una disfluencia del habla. Pero la disfluencia no es solamente el repetir palabras. A veces, hay chicos que hacen esfuerzo para hablar, se ponen colorados, les sale la voz finita o disfónica, hacen gestos o movimientos con la cabeza y/o el cuerpo acompañando lo que dicen, cierran los ojitos o fruncen las cejas cuando hablan, presentan evidente incomodidad al hablar, hacen prolongaciones de sonidos (“yooooo fui a jugar a la plaza”), presentan tensión en la cara o en el cuerpo, hacen bloqueos prefonatorios o toman aire antes de empezar a hablar.

¿Cuál es la causa de la tartamudez?

La tartamudez no puede sintetizarse a un problema emocional como se dice generalmente. No es de causa psicológica. Los especialistas afirman hoy que hay factores genéticos que pueden predisponer a tartamudear y que ellos interactúan con los factores del medio. No hay categorías convencionales que logren etiquetar a la tartamudez como algo orgánico, funcional, psicológico o neurológico. Son muchos los factores que, combinados, llevan a la tartamudez. El problema emocional surge por convivir con la tartamudez, es su consecuencia y no su causa.

Esta dificultad se produce por una incoordinación de los músculos del habla en presencia de cierta demanda externa.

¿Cómo podemos ayudar?

Los niños y niñas disfluentes en edad escolar están expuestos a situaciones de burla, exigencias, demandas que no pueden cumplir y puede generar mayores dificultades. En esta edad, no solo repiten, prolongan sonidos marcadamente o se tensan al hablar, sino que además desarrollan toda una serie de actitudes para evitar los bloqueos. Las actitudes son las estrategias que utiliza la persona disfluente para evitar situaciones de lenguaje temidas. Por ejemplo: si el niño sabe que se va a trabar al leer, evita leer en voz alta; si va a comprar a un negocio, deja que otro pida por él; si sabe que determinada persona de su familia o la escuela le hace aumentar sus bloqueos, evita hablar con esa persona; etc.

  • Es importante hablar con el niño en privado y explicarle que su tartamudez no lo molesta, que quiere que hable para saber cómo se siente, piensa y qué cosas le interesan.
  • Tener presente que la tartamudez no afecta la capacidad intelectual de las personas. Que un niño sea disfluente no significa que no esté capacitado para aprender.
  • El niño no debe evitar tartamudear. Debe tartamudear lo más natural y cómodamente posible y con la menor tensión. Si evita tartamudear, el autoestima es influenciado por el problema de comunicación y esto desencadena actitudes viciosas.
  • No estimularlo a que realice ningún artificio para evitar los bloqueos: golpear con los pies, chasquear los dedos, respirar profundo, etc. Esto lleva a “nutrir” los bloqueos.
  • Darle todo el tiempo para hablar y descubrir que la ansiedad es nuestra al esperar que termine. Valorizar el contenido sobre la forma, demostrando mucho interés en lo que dice y no en cómo lo dice.
  • No realizar observaciones o correcciones en el lenguaje.
  • No interrumpir su mensaje. No completar lo que dice o terminarle la frase.
  • Escucharlo relajadamente sin crítica ni juicio.
  • Destacar los aspectos valiosos de su personalidad frente a los demás compañeros.
  • Estimularlo para que participe en discusiones y tareas grupales. Propicia la cooperación.
  • No evaluar todo el tiempo su comportamiento verbal. No demostrarle que estamos pendiente de sus bloqueos.
  • Dar soporte y comprensión dentro del aula.
  • Favorecer los juegos teatrales y que adopte distintos roles.
  • No obligarlo a actuar en las fiestas escolares, pero sí estimularlo a que lo haga. Hacerle ver que él también puede participar como todos sus compañeros. Esto aumenta mucho su autoestima. Preguntarle si quiere participar.
  • El niño que tartamudea se vuelve muy sensible a lo que “lee” en la cara de quien lo escucha: no poner caras extrañas ni mostrar ansiedad.
  • Poder preguntarle: “¿cómo puedo ayudarte?”
  • Aceptarlo y quererlo así, no es enfermo, ni deficiente, ni nervioso. Los bloqueos retroceden cuando la comunicación es esencial y se siente aceptado y cómodo.

Como cierre, podemos pensar algunas premisas:

– “Escuchemos con demora”

– Si me escuchas, yo me escucho;

– si me hablas, yo me hablo;

– si, en el tiempo del encuentro,

– yo te encuentro…,

– yo me encuentro.

– Si, poblados de silencios,

– tú devuelves mi silencio

– y lo escuchas en silencio

– puedo oírme…

– al irte oyendo.

– Si no soy más que el deseo y tú eres un deseo,

– al desear te estoy haciendo, al desearte…,

– yo voy siendo. Si me quieres, yo me quiero, si te quiero, nos queremos y queriendo somos muchos, siendo uno… al mismo tiempo.

RAMIRO CAMPOS

 

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